Ningún zapatero de Holguín hizo mejores alpargatas que el lunchero Manolo Viú

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Ningún zapatero de Holguín hizo mejores alpargatas que el lunchero Manolo Viú

Category : Blog , Mi ciudad

Por César Hidalgo Torres.

El pueblo de Holguín va cumplir 300 años de existencia y durante ese tiempo no hay un gastrónomo más famoso que Manolo Viú.

Dice la tradición local que su negocio subió como la espuma porque Viú era espiritista y que cuando murió dejó enterrado en algún lugar de su establecimiento más de 27 mil pesos.

Comencemos por decir que el establecimiento estaba ubicado en la esquina de las calles Aguilera y Mártires, donde ahora existe “La Bodeguita de Holguín” o de la Bucanero como también se le llama.

Ese lugar lo compró Luis Manuel Viú para utilizarlo en la venta de frutas y batidos pero sus amigos le decían que no prosperaría porque antes de ser “la Casa Viú” el local era… una funeraria. Funeraria que tuvo que cerrar porque había quebrado, o sea, que los holguineros no velaban allí a sus difuntos, sino que preferían la de Sabino.

Pero Manolo, que en verdad era espiritista, y como buen espiritista tenía una fe inquebrantable, insistió en su negocio. Y con los batidos comenzó a ofertar “discos voladores”, o sea, panes tostados con forma de discos voladores… pero nada, poco era lo que conseguía vender. Hasta un día…

Un día llegó al negocio de Viú el único cliente de la semana: un santiaguero conversador y marinero. El dueño le dijo al cliente que comiera y no pagara si de todas formas iba a tener que cerrar el negocio y declararse en banca rota. El santiaguero comió y habló de cosas incomprensibles para Viú, pero él, que no tenía otra cosa que hacer lo oyó y bien se sabe que nada es más necesario a un conversador que encontrar quien lo oiga. Entonces el hombre sacó cien pesos y se los regaló a Viú y le dijo que desde ese momento en lo adelante iba a prosperar.

Estimulado por el regalo y con alma de artista el dueño de la cafetería ideó un sándwich que bautizó con el nombre de “alpargata”.

Era aquel un pan malteado de un largo, aproximadamente, de 20 centímetros que adentro tenía una pasta de chorizo español que antes había sido suavizada con mantequilla. Luego tenía capas sucesivas de jamón planchado, queso Grillé, pavo cortado en lascas, salami italiano y pepinillos encurtidos. Todo se ponía en la plancha y se presentaba cortado transversal.

Sus “alpargatas”, Viú las ofrecía acompañadas de batidos de leche malteada, vinos, cervezas o refrescos. Y la gente comenzó a acudir como hormigas al azúcar.

Pero ahí no se detuvo el célebre lunchero, sino que creó nuevos sándwich, todos con nombres de calzado. Así los hubo que se llamaron balerinas y calzapollos…( Calzapollos era el nombre de un zapato rústico muy barato y resistente). Y hubo super alpargatas.

Lo peculiar de las ofertas, el buen servicio y la propaganda que salía por la prensa local hicieron de la Casa Viú una de las más exitosas de todas las que hubo en la ciudad. Pero, porque con ofertas, buen servicio y propaganda no bastaba, Viú comenzó a hacer regalos a sus clientes especiales. Entre esos dichos regalos estaban unos vasos y unos llaveros que tenían dibujada una de las alpargatas famosas.

Los estudiantes de Holguín eran los que preferían las alpargatas, pero también los viajeros que llegaban a la ciudad, muy especialmente los intelectuales y artistas.

La historiadora Ángela Peña entrevistó en 2002 a dos sobrinos de Viú, uno de ellos trabajó con su tío y la otra guarda un álbum con recortes de la prensa de la época, por ellos supo “El Aldabón” que la Casa Viú fue visitada por artistas célebres, entre ellos, la famosa cantante y actriz argentina Libertad Lamarque, la reina de la rumba Blanquita Amaro, Garrido y Piñeiro, quienes eran actores muy famosos que interpretaban al negrito y al gallego en el teatro bufo cubano, el bárbaro del ritmo, Benny Moré, el afamado Pacho Alonso, el conocido locutor de la radio y la televisión Germán Pinelli y la primera vedette de Cuba Rosita Fornés. (Por cierto, a su regreso a La Habana, la Fornés habló de las alpargatas de Viú en un programa de la televisión y eso aumentó la popularidad del establecimiento holguinero).

Otro que se hizo amigo y admirador de Viú fue el célebre guionista de series radiales Enrique Núñez Rodríguez, autor entre otros de “Los Tres Villalobos”. Núñez Rodríguez pagaba las cajas de alpargatas que Viú le mandaba a La Habana poniéndole parlamentos a sus personajes en los que hablaba de los sándwich. Y así todo el mundo quería venir a la ciudad a probarlos.

Para más suerte, el edificio vecino de la cafetería, que en la actualidad es un taller para arreglar equipos electrodomésticos, era entonces oficinas de Cubana de Aviación. Los pilotos y aeromozas llevaban cartuchos con alpargatas.

Desde entonces hasta hoy nadie ha superado en ventas a aquel que debe ser considerado un bien patrimonial local, como mismo la escalinata de la Loma de la Cruz o el edificio La Periquera.

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