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Comer con los indios

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El título de esta entrada lo toma prestado “El Aldabón” de una obra teatral del holguinero Pedro Ortiz (que muy pronto colocaremos en nuestro segmento de Lecturas).

Lamentablemente los libros de texto de historia de Cuba dicen que poco después de la llegada europea a Cuba desaparecieron los aborígenes que vivían en la Isla y que de ellos no quedó nada. Y es verdad que fue un genocidio lo que ocurrió, pero es mentira que los criollos cubanos no tengamos nada de la población original de esta tierra. Vivas quedan en el idioma decenas de palabras y asimismo costumbres alimentarias.

Obviamente que, al salir de Europa, Cristóbal Colón y sus acompañantes llenaron las bodegas de sus barcos de los productos comestibles de su cultura, pero, obviamente también, esos se les agotaron. Y al llegar a estas islas del Caribe tuvieron que comer con los indios y acostumbrarse a las costumbres aborígenes.

Entre los vegetales que los “indios” tenían a mano (cosechados por las comunidades que conocían la agricultura y recolectados de las poblaciones naturales por los que no sabían sembrar la tierra): principalmente la yuca, (que por ser alimento tan importante le dedicaremos una entrada aparte); el aje, que era el nombre dado por los aborígenes siboneyes de Cuba al boniato amarillo o batata como se conoce en otras partes de América; la yahubias o igualmente llamada en Cuba guagüí y malanga, (yautía en Santo Domingo y Puerto Rico); la calabaza, el sagú; el chayote; el palmito de la palma real; el bledo; la verdolaga, el maíz, el frijol (sobre todo el caballero y el carita) y el maní.

Para condimentar, sobre todo el ají (que en Cuba tenía cuatro especies, de las que los primitivos habitantes de la Isla preferían el picante o ají guaguao) y la bija o achiote, que se usaba para dar color.

En cuanto a frutas, la piña; el mamey colorado; la guanábana; el anón; el caimito; la papaya cimarrona; el corojo; el marañón[1] y la guayaba, que al parecer era entre todas, la preferida por los aborígenes de Cuba.

Manatí (Thrichechus manatus m.) en su hábitat natural en el Parque Alejandro de Humbolt, Cuba.

Los productos del mar y del río los conseguían pescando en las bahías y en las desembocaduras de ríos, sobre todo lisas; mojarras; rayas; chernaspicudas; pargos; manjuarí; rabirrubia; cazones e, incluso, tiburones. Quelonios como el carey, la kawama y la jicotea, la langosta y el camarón; el cobo y la modesta biajaca; los feroces cocodrilos y los criollísimos caimanes y majases.

En la república de las aves: la gallineta; el pato; la perdiz; la codorniz; la paloma torcaza; y en el de los mamíferos: el manatí[2] (que los españoles confundieron con las sirenas mitológicas); el curiel; la jutía[3] y el almiquí (ENLAZAR)

Leer además:

Había en Cuba, además, iguanas y otros reptiles semejantes, pero esos eran considerados por los indios como manjares especiales que se reservaban para los jefes de las tribus.

Con todos esos productos que les hemos mencionado (y otros que se nos quedan fuera de la lista, porque sino esa sería larga, aunque no mucho), los aborígenes solían hacer varias elaboraciones o tipos de platos… Por cierto, algunas de las formas en que ellos los elaboraban persisten hasta nuestros días, entre ellas: asar los animales en púa. (Lo que sucede es que hoy asamos en púas varios animales que los indios de Cuba no conocieron).

Otros platos que aprendimos a hacer de los indios es el ajiaco, llamado así porque se condimentaba, principalmente con el ají. (Hoy echamos al ajiaco viandas que ellos no conocieron, pero es verdad que la forma de preparar el plato es idéntica a la de los indios).


[1] El Marañón es una fruta de extraordinaria curiosidad. De todas las apetecibles es esta es la única que tiene la semilla fuera de su pulposa masa, el sabor es agridulce y posee la característica de dejar la boca reseca una vez que se come; esa propiedad motivó el estribillo de una guaracha que dice: “el marañón aprieta la boca y la semilla da picazón”.

[2] Manatí: (voz aborigen). Mamífero que se localizaba en los mares y las desembocaduras de los ríos, de unos cinco metros de longitud, cuerpo grueso y piel cenicienta, velluda. Con la piel en tiras del manatí se fabricaban látigos y bastones. De su carne se hacía tasajo e igualmente se aprovechaba el aceite.

[3] Jutía o hutía, (voz aborigen). Mamífero roedor de unos cuatro decímetros de largo y figura semejante a la de la rata. Es uno de los pocos cuadrúpedos que encuentran los españoles en la isla y que todavía vive en los campos. De los tipos existentes, la Jutía Conga (Capromys pilorides), es la mayor y más domesticable. Otras especies son la Carabalí (Capromys pregensilis) y Arará (Capromys melanuris). Pichardo, Esteban, op. cit., pág. 363

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